GREDOS

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VISTA DE LA SIERRA DE GREDOS

sábado, 3 de marzo de 2012

EL INVIERNO EN SALOBRAL


La vida en Salobral allá por la mitad del siglo pasado giraba para sus habitantes en torno a la agricultura y la ganadería. En el campo y con el ganado trabajaba la inmensa mayoría, y en este sentido en invierno que si siempre ha sido muy duro, en aquella época era mucho más, ya que no disponían ni de luz eléctrica, y el frio había que combatirle a base de una gran lumbre que se hacía en la cocina. Las noches eran muy largas y para amenizarlas a la luz de un candil se leían novelas en torno a esa  gran lumbre que rodeaban en semicírculo todos los miembros de la familia que por entonces era muy numerosa. El trabajo en el campo en esa época del año era casi nulo ya que las grandes heladas impedían labrar la tierra y los hombres de Salobral, igual que otros de los pueblos limítrofes se las ingeniaban para hacer algo que pudiera ayudarles a ganar algún dinerito y todo el invierno se dedicaban a ser tratantes de ganado, es decir que, compraban ganado en los mercados que había la provincia que eran los siguientes: el lunes en El Barco, el martes en Piedrahita, y el miércoles en Villatoro y después los vendían en Ávila donde se celebraba el mercado el viernes de cada semana. Por lo general el ganado que se compraba en estos mercados, eran novillos y vacas que después se utilizaban para labrar la tierra, pero que había que educarles para  que cumplieran con ese cometido y después se vendían a muy buen precio ya educados en el mercado de Ávila, donde acudían muchos agricultores para comprar esos animales ya preparados para desarrollar esas tareas agrícolas. El ganado por entonces no se transportaba como ahora, ya que en aquella época  casi no existían los camiones y se llevaban andando de un sitio para otro, así desde el Barco y Piedarahita venían conducidos por los “arreadores” que desde el sitio de origen venían repartiendo animales por los pueblos del Valle Ambles, estos “arreadores” eran hombres que se dedicaban a este menester y eran pagados por los propios tratantes aportando cada uno según el número de animales que había comprado a cada uno.

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