GREDOS

GREDOS
VISTA DE LA SIERRA DE GREDOS

viernes, 15 de enero de 2010

GANADEROS Y LOBOS


CAPITULO-I



Era una mañana de intenso frió, la noche anterior había caído una helada de esas a las que están acostumbrados por estos parajes en las largas noches de intenso invierno. El sol asomaba por entre la tímida niebla y todo hacia pensar que poco apoco, el dia iría abriendo para dar paso a un dia de sol, haciendo honor al refrán que tradicionalmente dicen las buenas gentes de esta tierra “Mañanita de niebla, tarde de paseo” pero mientras esto sucedía había que abrigarse a fondo para poder realizar los trabajos, que inexorablemente tenia que realizar nuestro querido amigo Ambrosio, ganadero del Valle Ambles en la provincia de Ávila, que tenia su ganado en las proximidades de la sierra de Gredos. Ambrosio era un hombre de unos cincuenta años curtido en mil batallas para poder llevar adelante a su familia que se componía de dos hijas: Angelina y Claudia y su mujer, Aurora. Aquella mañana salio de casa, como todas las mañanas para tender a las necesidades de su ganado y cuando se iba acercando a la Finca que tenia alquilada en un ladera de la sierra de Gredos, la cual estaba muy bien orientada al sur, con lo que estaba más protegida de los fríos vientos del norte, noto algo raro en el caserío y en las naves de su ganado. En una de las viviendas de este caserío vivía Oscar, uno de los cuidadores que tenía contratados para el cuidado de sus ochocientas cabezas de ovino. Oscar estaba casado con Galinda y tenían un hijo José Carlos que a sus dieciocho años ya era todo un hombre y ayudaba a su padre en las tareas del cuidado de su ganado y además se ocupaba del cebadero de terneros que tenia en una segunda nave en la cual atendía a unos doscientos terneros. José Carlos que en los primeros años fue solamente el ayudante de su padre, ahora había pasado a ser un empleado mas con su buena nomina y así ayudaba a que sus padres, de origen Colombiano, vivieran bastante cómodos pudiendo ahorrar algún dinerillo para mandar a sus abuelos que se habían quedado en Colombia.
Al llegar Ambrosio a la primera nave donde debían de encontrarse las ovejas, lo primero que observo es que los dos mastines, Sultán y Bocanegra que siempre estaban con el ganado, no salían a saludarle como de costumbre, las puertas estaban abiertas y se notaba un gran desorden en el interior de patio o corral donde deberían de estar las ovejas. Con grandes gritos llamo a Oscar pero no obtuvo respuesta; ya con gran preocupación se dirigió a la vivienda donde vivían los colombianos y Galinda a la cual encontró en un mar de lágrimas, y entre sollozos le fue poniendo al corriente de lo que había pasado.
Mire usted Ambrosio ha sido una noche terrible, serian las cinco de la mañana cuando sentimos mucho alboroto en los corrales, los perros ladraban constantemente de manera muy agresiva como si alguien estuviera en la nave de las ovejas, así estuvimos un rato sin saber muy bien que deberíamos hacer. Los perros seguían ladrando y parecía que estaban un poco asustados, entonces Oscar y José Carlos decidieron salir y dirigirse a la nave para ver lo que sucedía y los perros al verlos se hicieron mas fuertes y atacaron con fuerza, las ovejas que habían salido al corral, asustadas empujaron la puerta y salieron de estampida. Hasta qui es lo que puedo decirle Sr. Ambrosio, como puede ver son las diez de la mañana y aun no se nada de ellos.
Ambrosio que era un hombre muy tranquilo, al contarle lo sucedido lo primero que hizo fue tranquilizar a la pobre Galinda la cual estaba al borde de desmayarse, diciéndole: tranquilízate Galinda es lo primero que quiero que hagas, tomate un cafetito, lo demás ya nos encargaremos tu marido y tu hijo conmigo de hacer lo que se pueda para recupera nuestro ganado.
Salio de la casa de Galinda y se dirigió al la nave para hacer una inspección sobre el terreno y poder sacar alguna conclusión de lo que la había contado Galinda. Dentro de la nave, en un apartado habían quedado unas quinientas ovejas, con sus crías, las cuales no habían podido salir al patio afortunandemente para ellas ya que en el patio o corral había signos inequívocos de lo que había pasado.
Todo hacia pensar que habían sido “Lobos” los que habían perpretado el asalto a los corrales provocando la estampida del ganado y seguramente algunas bajas. La experiencia le decía que en las largas noches de invierno los lobos se encontraban hambrientos y bajaban de la sierra hasta sus alrededores e incluso hasta el mismo Valle Ambles para satisfacer su apetito. Siguió investigando y en rincón del corral encontró la pista que le llevaría definitivamente a pensar que no estaba equivocado, allí encontró diez o doce ovejas muertas con la clásica mordedura de los lobos que suelen atacar siempre por el cuello de sus victimas. Ya con la seguridad de saber lo que había pasado, tomo el coche todo terreno que tenia aparcado al lado de la nave y salio decidido a buscar a sus empleados y el resto de su ganado, que solo Dios sabia donde se encontrarían, dado el pánico que imprimen estas alimañas a sus victimas.

En la zona donde Ambrosio tenía su ganado había otros ganaderos con los cuales le unía muy buena relación, y lo primero que pensó fue en dirigirse a los establos de su amigo Casimiro, el cual estaba solo a dos Kilómetros. Por el camino iba mirando el rastro o las huellas que pudieran haber dejado sus ovejas en la estampida y efectivamente encontró signos inequívocos de de que su ganado había tomado esa dirección. Al mismo tiempo iba pensando en Oscar y José Carlos. Tenía mucha confianza en ellos, le habían demostrado en infinidad de ocasiones su buen comportamiento y honradez y estaba seguro que no dejarían de buscar al resto de su ganado. Para ello contaban con sus dos mastines Sultán y Bocanegra que equipados con sus buenos collares metálicos sabrían defenderse de los lobos y eran toda una garantía. Cuando dio vista a las naves de su amigo Casimiro pudo ver que había gran movimiento de gente y de ganado y pensó que seria allí donde se había refugiado su ganado.
Casimiro que había visto acercarse a su amigo Ambrosio, salio a recibirle y en seguida le tranquilizo diciéndole que su ganado había sido encontrado a salvo garcías al buen comportamiento que tuvieron sus criados (Oscar y José Carlos) que ayudados por los mastines Sultán y Bocanegra persiguieron a los lobos y consiguieron refugiar a las ovejas junto a los corrales de su granja. Ambrosio pudo comprobar como sus criados habían sido ayudados en la tarea de recuperar y custodiar el ganado por varios ganaderos y operarios de la zona, que esta muy sensibilizada con estos contratiempos que vienen padeciendo desde hace ya bastante tiempo.
Cuando estuvo junto a Oscar y José Carlos, no pudo menos que sentirse emocionado y satisfecho con su buen comportamiento, que incluso arriesgando sus propias vidas siguieron a las alimañas hasta el comienzo de la sierra de Gredos donde los lobos se refugiaron. Les felicito por ello y públicamente les agradeció su comportamiento
Dirigiéndose a todos les dijo: Os agradezco a todos sinceramente el esfuerzo que habéis hecho para recuperar mi ganado ayudando a mis operarios. Creo que debemos de estar unidos en defensa de nuestros intereses que son comunes ya que desde hace algún tiempo venimos sufriendo estos ataques de lobos. Ahora conduciremos mi ganado hasta mis corrales, y una vez que todo este en orden, creo que deberíamos de tener una reunión entre todos los ganaderos afectados y así formular las quejas oportunas ante la Administración y pedir protección para nuestro intereses. ¡¡Gracias a todos!!
La mañana que había comenzado con intenso frió y una niebla considerable empezaba a remitir y dejar que el sol fuera tomando fuerza y el frío fue bajando su intensidad. Oscar y José Carlos reunieron el ganado y con el salieron de regreso a sus dependencias. Por el camino fueron informando a Casimiro de manera pormenorizada y mas tranquila de cómo se habían desarrollados los hechos. Sultán y Bocanegra maltrechos y agotados por la persecución que sostuvieron con los lobos, seguían al rebaño con síntomas de agotamiento.
Mientras tanto en el caserío, desesperada Galinda esperaba noticias de su marido y su hijo

Ambrosio era un hombre que en sus ratos libres le gustaba la lectura y así había leído muchas historias sobre lobos, y no dejaba de pensar en el comportamiento de estos animales de los cuales se ha hablado y escrito mucho, y como en casi todos los aspectos de la vida hay versiones totalmente distintas de la actitud de estos animales. Una en la que se habla con elogios del hermano lobo, la bondad y nobleza de estos mamíferos, que figuran en cuentos y en poemas para niños de los más prestigiosos literatos y al mismo tiempo otra en la que figuran con gran protagonismo en historias malignas y de miedo en escritos y películas de terror.
Después hay otra versión de los ganaderos que sufren en sus ganados las consecuencias de estos animales, mermando así sus reducidos ingresos para la pobre subsistencia de sus pequeños negocios, que se ven reducidas por la bajas causados por los lobos.
Ambrosio sabía que los lobos no solo atacan para satisfacer su apetito, si no que matan y matan y después abandonan a sus victimas, sin aprovechar su carne para satisfacer el hambre, en esta ocasión le había matado doce ovejas, pero de no haber llegado a tiempo Oscar y José Carlos, las bajas hubieran sido mucho mas cuantiosas. El no tenia nada en contra de los lobos, más bien al contrario, le gustaba como animal salvaje, pero no podía permitir que atacaran a sus rebaños. Los lobos como casi todos los depedradores, atacan siempre en manada, pero a diferencia de otros no se conforman con matar para alimentarse, al menos en lo que se refiere al ganado domestico como las ovejas, hay muchas referencias a los ataques de los lobos a estos animales y que cuentan las bajas que han causado a los ganaderos, llegando a causar hasta cuarenta o cincuenta, en una sola noche, si el ganado no ha podido salir de los corrales donde los lobos han entrado.
Hubo tiempos en los que los lobos fueron perseguidos por el hombre, de manera implacable y en especial por los ganaderos, los cuales organizaban cacerías o batidas para dar captura al enemigo común de sus ganados. Ambrosio recordaba con toda claridad las imágenes que tenia grabadas en la memoria cuando el era un niño, de los cazadores que después de dar captura a los lobos, les llevaban por los pueblos del Valle Ambles exhibiéndolos como trofeos, mientras los ganaderos les recompensaban osequienadoles con garbanzos, lentejas o judías, agradeciéndoles el haber capturado a las alimañas que destruían sus ganados. En los pueblos de la Sierra, era habitual que algunos de sus cazadores capturan incluso algunas crías enteras de lobeznos, que igualmente exhibían por los pueblos de los ganaderos para de alguna manera cobrar su recompensa. Esta política de persecución y captura fue tan exhaustiva que el número de lobos se vio reducido de tal manera que casi se llego a su extinción, quedando en el olvido el temor de que los lobos fueran un peligro para los rebaños de vacas y ovejas que pastan por toda la Sierra de Gredos. Así pasaron una serie de años en los que los ataques de los lobos se habían reducido de tal manera que prácticamente quedaron en el olvido de los ganaderos.
En este punto la Administración del Estado a través del Ministerio del Medio Ambiente, con buen criterio, declaró al lobo como especie protegida en vías de extinción, y a partir de ese momento se fue recuperando el número de parejas de esta especie de tal manera que hoy se puede decir sin lugar a dudas que se ha recuperado.
es ahora cuando los ganaderos de la zona empiezan a tener problemas con los lobos, ya que en la Sierra escasean los alimentos naturales con los que hace solo unos años se alimentaban, y no tienen mas remedio que atacar a los rebaños en sus propios establos bajando de la Sierra a los valles.






















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